Hace unos días, anunciaron por el cable la película: “Million dollar baby”, y como no podía ser de otro modo, me alisté para volver a verla. Entre las cosas que más me gustan en la vida, están sin duda, la lectura del genial Faulkner con aquellas historias que llegan al alma y que discurren en la mítica Yonakpatawpha; las arias inmortales – “La casta diva”, “Oh mio babbino caro” o “Madame butterfly”- en la voz atormentada pero suprema de Maria Callas, y también, claro está, las películas del último duro de Hollywood, el gran Clint Eastwood: “Los puentes de Madinson”, “Río místico”, “El gran Torino”.
En “Million dollar baby”, Eastwood encarna al personaje de Frankie Dunn, un viejo entrenador de box, que alguna vez hizo ascender desde los hondos abismos de la condición humana, a boxeadores que llegaron a rozar las estrellas con las manos. Él es un hombre huraño, de pocos amigos, dedicado, en sus ratos libres, a tratar de aprender el gaélico – lengua remota de los celtas, raza oriunda de los irlandeses- que se distanció hace muchos años de su hija, a la cual envía regularmente cartas, las mismas que le son devueltas sin haber sido abiertas. De otro lado está, Scrap- en magistral actuación de Morgan Freeman- un viejo boxeador que alguna vez fue campeón, pero que en su pelea 109, lo dio todo, hasta el punto de perder un ojo. Ahora se ocupa de mantener limpio el gimnasio que regenta Frankie.
Un día aparece por su gimnasio, una mujer joven, delgada, cercana a los 30, que hace hasta lo imposible por trabajar, comer de sobras y sobrevivir, pero que tiene algo a su favor: sabe lo que quiere. Ella es Maggie Fitzgerald.
Ahí empieza la historia. Desde entonces, ella va todos los días al gimnasio y se queda entrenando hasta muy tarde. Su voluntad es inquebrantable. Ella quiere llegar a ser alguien en el mundo del boxeo. Viene de un hogar pobre, perdió a su padre, un hermano suyo está en la cárcel, otra hermana, va a tener su 2do. Hijo, y su madre, es una mujer neurótica de más de 100 kilos de peso.
Un día, Frankie la ve entrenando, y molesto le dice a Scrap, si esa chica está pagando su mensualidad. Éste le contesta que sí, y Frankie le dice que le devuelva su dinero por que él no entrena chicas. El asunto es que Scrap, no le hace caso y la muchacha sigue asistiendo, religiosamente, a sus entrenamientos, hasta ese momento, en completa soledad.
Hasta que una tarde, Frankie se acerca donde ella, para pedirle que le devuelva la “pera” con que está practicando. Y al intercambiar algunas palabras con ella, él se da cuenta que esa muchacha, tiene un sueño y una determinación en la vida. Es ahí que algo toca su corazón y entonces decide entrenarla. La muchacha está feliz. Lo que viene después, es un acelerado proceso de emergencia, posicionamiento en el ranking nacional e internacional, de combates y de triunfos, que al final, los lleva, a disputar el título mundial.
Precisamente en la disputa de aquel título mundial es que ocurre el drama. Es en la parte final, cuando luego de haber batallado duro contra la actual campeona, Billy blue bird, mujer con amenazante mirada de hombre, y de tenerla al borde del knock out, que Maggie, por un instante descuida su guardia, y la otra, le lanza un golpe que la tumba. Lo terrible está a punto de suceder. La cámara lenta, hace más dramático el descenlace. Maggie va cayendo lentamente en su esquina, Frankie con la mirada desorbitada intenta retirar la banqueta que ya había colocado por el toque de la campana, pero todo, era como que estuviera predestinado: nada ya es posible de hacer, Maggie cae noqueada, y su cabeza da contra la esquina del banquito. Todo se detiene en ese instante, vienen los paramédicos, se llevan a la chica al hospital.
No se sabe si horas o días después, ella despierta. A su lado está Frankie, atormentado por sus propios fantasmas y por las culpas que atenazan su alma. Ella lo mira, le sonríe. No puede mover el resto de su cuerpo. Y recibe aire a través de la traquea por un tubo. En algún momento, conversando con él y luego con Scrap, se siente orgulloso de haberlo intentado. Frankie le dice que es la mejor, que ganó aquel combate. Pero lo terrible ocurre cuando ella, pregunta si quedará así para siempre. El silencio es elocuente.
Días después, le amputan una pierna. Esa noche cuando vuelve a conversar con Frankie, ella, luego de haber evocado una vez más, su epopeya personal, le dice: Quiero pedirte un favor. Él sabe, entiende perfectamente, qué es lo que ella le quiere pedir, y responde: Por favor Maggie, no me pidas eso, por favor no me lo pidas…
Una noche, muy tarde lo llaman del hospital. Se viste y sale corriendo. Al llegar al hospital todos los médicos, enfermeras, están en torno de la cama de Maggie. La sangre mancha toda su ropa de cama. Lo ha intentado, piensa Frankie, se ha mordido, se ha cortado la lengua…
Luego, los médicos le cosen, le sujetan la lengua para que no vuelva a intentarlo. Luego la sedan. Cuando Frankie se acerca a verla, ya Maggie no es Maggie. Era un cuerpo inerte con la mirada perdida. En ese instante es que al parecer, él toma la determinación.
En la escena final, él alista en su maletín en el gimnasio. Entre otras cosas, guarda una jeringa inyectable. Se acerca Scrap, lo mira, y sabe qué es lo que Frankie ha decidido. Un poco más tarde, Frankie furtivamente ingresa al hospital. Avanza por los oscuros pasadizos, llega a la habitación de Maggie, o la que fue, Maggie. La contempla por última vez, pensando acaso en qué confines del universo ya estaría su alma. Le da un beso en la frente, y luego abre su maletín. Prepara sus cosas. Desconecta, de un tiro, entonces el tubo de su traquea. Luego saca la jeringa, prepara la solución y la inyecta. Al final, guarda sus cosas, da media vuelta y se retira, igual como ingresó, muy pegado a su sombra.
Dos imágenes, me quedan para siempre: por un lado, la pertinaz lucha de una persona por tratar de hacer realidad sus sueños, la pugna homérica por llevar a la práctica un deseo, una aspiración; al punto de no dudar en dejarlo todo, incluso la vida, con tal de lograrlo. Y por otro lado, el sentimiento de compasión profunda de un hombre atormentado, que por solidaridad y profundo cariño a esa mujer que no tenía nada y que lo había dado todo, es capaz de ayudarla a transitar de modo definitivo el mítico río que separa el mundo de la luz, del mundo de las sombras.
P. Libre, 8 de Enero de 2011
EXCELENTE, MI AMOR.
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