lunes, 3 de enero de 2011

José Donoso: escribir o morir II

María del Pilar- como muchísimas mujeres en el mundo- sufría terriblemente por no poder darle descendencia a su marido. A lo largo de su atormentada vida, ésta fue una de las heridas más profundas, de la que quizá nunca pudo sanar. En la biografía del escritor hay un pasaje particularmente dramático: se encontraba él, batallando con sus demonios interiores para tratar de dar forma al Obsceno pájaro…y recibe la llamada de sus hermanos, anunciando visita a su casa de campo en Santa Ana, Chile. Eran los primeros tiempos del matrimonio, María del Pilar había sido operada hacía poco de quistes ováricos. Y ocurrió que a pesar de una inicial y diplomática negativa, los hermanos junto a sus hijos se aparecen por su casa. El escritor, se esfuerza por atenderlos. María del Pilar, sigue enojado, por que interrumpen el trabajo de su marido, hasta que un momento, él le dice que los deje solos. Ella se va a su cuarto, se encierra y se pone a tomar. Lo que ocurre después es dramático. Los parientes ya se habían ido. Los esposos conversan. El escritor está muy molesto con ella, al encontrarla en ese estado. Y entonces ella entra en llanto. Llora con un llanto venido desde muy lejos. Veamos lo que cuenta Donoso[1]:

“Nos acostamos. Afuera la noche estaba inmensa y estrellada, era de primavera. Y entonces María del Pilar comenzó a llorar, a decir que ella no servía para nada, que yo la había echado por que ella no era capaz de darme un hijo o por que no me lo había dado todavía y quizá nunca me lo daría, que era basura, abyecta, que me dejaría, que claro, no merecía vivir a mi lado, que mejor se iba a vivir con el Pique – su perro- que cuando yo la necesitara, para lo que fuera, aunque no fuera más que para barrer la casa, la fuera a buscar a la caseta del Pique, que aullaba y aullaba, que la estaba llamando, que había luna llena, que ella me quería a pesar de todo y estaba a mi disposición, pero que no quería molestarme, porque no me merecía ello, ella solo se merecía al Pique”.

Por cierto que aquí se trasunta una relación difícil entre dos seres tan complejos como Donoso y María del Pilar, cada uno con sus aristas, zonas oscuras y sufrimientos interiores, además por cierto de sus talentos innegables. Y así como el escritor tiene sus manías y sus “locuras”, también ella tiene lo suyo. Tras su dependencia al alcohol, se esconde, sin duda, una historia temprana difícil en la relación con su madre especialmente, y como producto central de ello, problemas serios en la autoestima. De ahí que para ella sea crucial, en su vida como mujer adulta, poder darle un hijo al escritor, cumplir su rol como mujer, como esposa, como compañera. Darle un hijo y hacerle mas llevadera, acaso un poco más feliz la vida, a aquel hombre que ama.

Pero entonces, aquí se plantea la pregunta: ¿es que en el fondo de toda mujer, cuando decide hacer la vida junto a un hombre que ama, el tema de la descendencia es de importancia capital? Y si eso fuera así ¿a qué se debería?, ¿qué razones mas profundas se esconden en la mente o el psiquismo femenino para que ello sea así? ¿Es tan importante el tema de la descendencia que puede influir, marcar y hasta modificar la vida sexual de una pareja?

Respecto a esto último hay también otro pasaje – teñido de cierto humor negro- en el que Donoso refiriéndose a los tratamientos recibidos contra la esterilidad por parte de un tal doctor Zañartu, que llegó a gobernar la vida erótica de la pareja – de seguro, indicando qué fechas serían las mejores para que puedan tener sexo- dice:

“Como vivíamos en los alrededores de Santiago, pensamos seriamente en tomar un piso cerca del médico para hacer el amor, y correr donde Zañartu para que examinara a María del Pilar, recién poseída”.

Alguna vez, Freud se planteó la gran pregunta: ¿pero qué es lo que realmente quieren las mujeres? En buena parte dicha pregunta quedó sin respuesta. A lo más, el genial padre del psicoanálisis, llegó a esbozar con sus nociones del complejo edípico y de electra –para el caso de las mujeres-, y la famosa envidia del pene, una especie, no tanto de teoría, sino más bien de metáforas respecto a las ancestrales relaciones entre hombre y mujer, que vista a la luz de los avances actuales de la psicología, las ciencias sociales y las neurociencias no parecen ir muy de la mano.

Lo que si parece ser cierto, es que en las mujeres, por su propia condición física, anatómica, biológica, neurológica, psicológica y social, la maternidad es un aspecto subjetivo central. Podría decirse- a riesgo de parecer un pensamiento machista- que toda mujer, en el fondo de su ser y de su psiquismo, quisiera, obedeciendo no solo a los mandatos de los genes y la biología, sino también a los ancestrales designios de la historia humana- ser madre. Y con ello, sentirse, al final, completa como ser humano.

Por cierto, que a la luz de la época actual, muchas mujeres por diversas razones –involuntarias o voluntarias-, pasados los 40 años, no llegan a la maternidad, y que sin embargo en tanto poseen una autoestima más sólida, mayor confianza y seguridad en si mismas, no se les va la vida en aquello. Ahí está el asunto.

De otro lado y para terminar con el presente comentario, es claro que el sexo en la mujer – a diferencia del hombre, donde aquello es la fuente proveedora de placer- está esencialmente subordinado al amor. Amor que despliega para con su pareja, aquel hombre que ha escogido para hacer la vida, juntos y más adelante, amor incondicional para con sus hijos y familia. Larga vida pues a la mujer sobre la faz de la tierra. De los hombres no podemos decir mucho.

P. Libre, 2 de enero de 2011



[1] Op. Cit. “Correr el tupido velo”.

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