Acabo de terminar de leer el libro de Pilar Donoso, “Correr el tupido velo”[1], relato sentido, especie de biografía escrito por la hija a partir de una serie de documentos revisados y de entrevistas postreras y que retrata la complicada existencia que le tocó vivir al lado del excéntrico y genial escritor chileno.
Y la impresión final que me queda es la de haber tenido la extraordinaria posibilidad de conocer a un ser humano complejo, descubrir la forma de vida de un artista, explorar desde dentro – aunque a él no le gustaba el término- su alma, atormentada. Es increíble la forma en que el arte y la literatura dominan completamente su vida. Leyendo este libro, pude aproximarme con conocimiento de los entresijos y recovecos de una mente creativa como la suya, captar acaso la angustia que lo atenazaba al no poder dar cauce a sus creaciones más importantes, entre ellas, sin duda, El obsceno pájaro…, sentir también, tan cercanamente, sus batallas interiores, para tratar de hacerse finalmente de un nombre y de un reconocimiento tanto dentro como fuera de su país.
Cuando le comentaba a mi esposa algunos pasajes de su tupida e intensa biografía -entre los cuales destaca la conflictiva relación que tuvo con su padre, quien según el escritor, se sentía frustrado por que no era el hijo que había deseado- y se iban perfilando algunos rasgos fundamentales de su carácter, entre ellos, su espíritu rebelde, inconformista, prácticamente de reto a la autoridad, que lo llevó a irse de su casa tempranamente; ella sorprendida me decía que antes de esto, se había imaginado a Donoso –luego de leer un artículo de nuestro gran Mario- como un hombre pantagruélico, excesivo, obeso, violento, algo loco. Pero que ahora tenía otra imagen de él, la de un hombre que en el fondo sufría con sus obsesiones y manías, hombre que se lamentaba no poder llegar a amar a las personas como en el fondo quisiera, pero más que todo ello, hombre que vivía y moría por el arte y la literatura.
De adulto, su mundo afectivo giraba en torno a María del Pilar
y de Pilarcita, su hija adoptiva. La historia de ésta, tiene todos los visos de un singular drama humano. Atormentados el escritor y su esposa, por no poder tener descendencia, deciden llegados a España, adoptar una bebe. Así lo hicieron. A partir de ahí, se inicia la historia de Pilarcita, al lado de dos seres –como ella lo diría más adelante- formados en la indefensión ante la vida, seres inteligentísimos pero que se abrumaban con la atención a las cosas cotidianas, tratando de afrontar las cuestiones prosaicas de la economía familiar, o los simples pero tan importantes asuntos de la crianza de la propia niña. De ahí que en algún momento, ésta dijera algo así: en vez de que ellos fueran mis padres, yo tuve que ver por ellos y criarlos.
La relación de Pilar con su madre, siempre fue difícil y compleja, acaso como los psicólogos decimos, relaciones entre madre e hija son de las más difíciles entre las relaciones humanas. Aquella envuelta en sus depresiones, en su afición al alcohol y en sus inseguridades y celos, incluso respecto a su propia hija; y la Pilar, arrastrando lo suyo: el no saber a ciencia cierta cuales eran sus orígenes, tratando de construir una historia familiar propia- como diría el escritor, una memoria acerca de la tribu- y estructurando sus afectos para con el padre y la madre que le tocó en suerte.
Pero volviendo a Donoso, en verdad todo era arte y literatura para él. Desde los inicios cuando para terminar su carrera universitaria viaja a los Estados Unidos y con un grupo de amigos funda una revista literaria, donde publica sus dos primeros cuentos en inglés, hasta sus últimos tiempos, batallando ya directamente contra la parca, enfermo por completo del hígado –una hepatitis C contraída probablemente unos 35 años antes de su muerte en los Estados Unidos-; siempre la literatura, el escribir, el dar curso a sus ideas en sus cuadernos- diario de escritor- como en sus cuentos y novelas, el fabular con mundos posibles, el dejarse llevar deliciosamente por la gracia de la palabra bien escrita, el construir personajes disímiles pero igualmente inquietantes, expresión profunda de su mundo interior -como la inquietante y graciosa abuela en “Coronación”; el indescifrable Mudito del “Obsceno pájaro…” o la gorda obesa, que lo tuvo atormentado hasta sus últimos tiempos de vida; estuvieron siempre en el centro de su vida mental y emocional. Todo lo demás era secundario.
José Donoso se fue de este mundo, hace ya varios años, pero su huella, su presencia como hombre apasionadamente entregado a su arte y su oficio, sigue vivo entre nosotros, los que pretenciosamente queremos seguir transitando por los caminos de la creación literaria.
P. Libre, 1 de Enero de 2011
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