lunes, 2 de enero de 2012

¿Es muy difícil soñar en el Perú?

Escuchaba hoy por la mañana la entrevista que Beto Ortiz realizó por canal 2 a Gastón Acurio, y realmente quedé sorprendido gratamente. ¡Que gran peruano!
Sin duda, es un hombre de éxito, que ha contribuido tanto al posicionamiento de la marca Perú en el exterior, con toda su aventura gastronómica y emprendedora, y sin embargo, hombre pleno de sencillez, franco, sincero; tan distante de la pose del que cree haberlo alcanzado todo y que mira a los demás, simples mortales, como desde un altísimo lugar en el Olimpo.
¿Qué de nuevo aporta al Perú, Gastón?
Él trae una visión positiva, esperanzadora, inclusiva y emprendedora acerca de la realidad, todo ello marcado por un claro sentimiento de amor a su país y a los peruanos. Alejado de los lugares comunes y de las trasnochadas ideologías, Gastón, hace algunos años- poco más de quince- asumió la tarea de revalorar todo lo nuestro, de reafirmar y contagiar el genuino orgullo que siente de ser peruano y de progresivamente, tratar de dar a conocer a nuestro país, al mundo. Para ello, eligió la gastronomía, que fin de cuentas, era su oficio, su profesión. Pero a estas alturas, pienso, que igual podía haber escogido, la frutería, la licorería, productos como el cacao, la chonta o el camu camu, o acaso, aparentemente más distante, el folklore, la vestimenta típica, las costumbres, el hablar o la forma particular del ser y del sentir del peruano; e igualmente la hubiera dado a conocer, orgulloso, a todo el mundo.
Y entonces, lo que queda tras de todo, es el hombre. El hombre, con un sentimiento y una fe inquebrantable, en las virtudes y poderes de lo peruano. ¿De donde puede venirle dicha fe, capaz de arrasar con cualquier obstáculo, y poner en acción a los que le rodean? Uno podría pensar que tiene que ver con su edad: 44 años; algunos de los cuales, los pasó en Europa, particularmente en Paris, estudiando en Le Cordon Blue. Es posible que ello haya influido en su carácter y en su visión. No vivió en carne propia los efectos de la locura hiperinflacionaria del primer García, tampoco, de modo directo, la vesania del terrorismo y la guerra interna. Tamaños males, sin duda, mazazos al optimismo más pintado. Pero más que ello, pareciera ser, que al haber crecido – en todo caso, en los momentos cruciales de la primera juventud- algo distante de las ideologías, tanto de izquierda como de derecha- a pesar que su padre era político de tiempo completo- lo inoculó contra las trasnochadas creencias de que los problemas del Perú, siendo tan graves, complejos y de larga data, solo podrían solucionarse por el camino de las llamadas transformaciones estructurales – llámese revolución socialista o cambio liberal-.
Lo cierto es que el hombre piensa, siente y demuestra, que las cosas empiezan a cambiar cuando la persona cambia, cuando cada uno de nosotros se compromete con el cambio, asumiendo Valores y armándose de una visión para el futuro.
Cuando Gastón habla de su restaurante “La Mar” ubicado en la zona más chic de Manhattan, y dice que a pesar de pagar 30,000 dólares de alquiler y de con las justas afrontar, por el momento, los gastos de mantenimiento, tratando de brindar un servicio de calidad y de alta cocina a los norteamericanos, se siente feliz, por que está dando a conocer al mundo, que el Perú está ahí, junto a los restaurantes de alta cocina de Italia, Francia o Japón.
O finalmente, cuando entornando los ojos, habla de su nuevo proyecto, un restaurante ubicado en la zona más exclusiva de San Isidro, en donde tendrá espacios para un gran biohuerto, que mostrará a los visitantes –incluye el proyecto la idea de admitir niños, para que aprendan a valorar lo nuestro- la inmensa variedad de la flora peruana, en donde los peruanos más humildes, quizá, puedan degustar una sabrosa manzana “Delicia” o un sándwich a bajo precio; y mas allá, tener una especie de pisco- bar en donde los jóvenes saboreen aquel producto de bandera, que es el pisco souer, y claro, también los turistas de todo el mundo, puedan degustar un cebiche de lenguado, pagando el elevado pero justo precio; entonces Gastón, siente que esa es la expresión concreta de la inclusión social en el Perú, y que estaría totalmente de acuerdo de poner ahí un letrero que diga: Prohibido discriminar.
Entonces, si efectivamente, algún día- y va a ocurrir- tenemos funcionando dicho restaurante o lugar de encuentro, y luego de ello- al ver la exitosa experiencia- otros cocineros y/o empresarios imitan el gesto y el proyecto, y todo el país, se empieza a llenar de dichos acogedores lugares, en donde, aunque no esté escrito, se sienta en la atmósfera, que nadie tiene que discriminar a nadie, entonces pensaremos que realmente el Perú empezó a cambiar.
Gracias Gastón, por hacernos pensar y soñar de modo distinto. Algo tan difícil en nuestro país, pero, como tú lo vienes demostrando, perfectamente posible.
P. Libre, 2 de Enero de 2012

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