jueves, 30 de diciembre de 2010

El miedo a tocar las estrellas

Parece ser claro que las personas – en relación directa al micro clima cultural en que nacemos y nos criamos- incubamos una especie de traba o resistencia interior para avanzar hacia el éxito pleno y “tocar las estrellas con las manos”. No se si ello sea más marcado aún entre los peruanos. Aquellas frases de antología de: “casi nos clasificamos al mundial”, “casi le ganamos a Brasil…bueno, le empatamos” o “casi ganamos el Oscar”; nos hacen pensar que algo de ello parece darse entre nosotros. Y quizá lo peor de todo, es con esa medianía en los logros, nos sentimos felices.

El caso es que capacidades y talento tenemos. La muestra de ello es que en los diversos campos hay ciertos individuos que logran las cimas del éxito: en la gastronomía, tenemos a un Gastón; en la literatura, antes a un Vallejo, un Eguren, un Arguedas, ahora un Vargas Llosa; en la pintura, antes un Sabogal, hoy un Szyslo; en la historia, un Basadre; en la música, un Pulgar Vidal, un Celso Garrido Lecca; en el ajedrez un Julio Granda, y así por el estilo. ¿Pero por qué esto no se hace algo general?

Pienso por que en el fondo, tenemos miedo. ¿Miedo a qué? Por un lado, miedo a ser diferentes –quizá más cómodo es quedarse en la uniformidad de la medianía-, miedo a atreverse a mirar hacia arriba. Miedo a contemplar la luz de las estrellas, miedo a soñar que podemos alcanzar una de ellas y cubrirnos con su luz, miedo a mirar las alturas, las cumbres y cual Jorge Chávez moderno, querer remontarlas, miedo a que de repente, estando en lo mas alto, algo o alguien, nos haga perder el equilibrio y caer, en picada. Es entonces, que en muchos casos, habiendo avanzado buen trecho, dando muestras plenas de nuestro talento, estando muy próximos al triunfo final, es que buscamos- de modo inconsciente, claro está- el pretexto perfecto para no triunfar. Es como aquella imagen de Eddie – Paul Newman- en la excepcional película “El audaz”, que cuando ha venido ganando durante toda la noche en el billar a su rival – un gordo mafioso- accede a seguir jugando unas partidas más, pero previamente se manda media botella de whisky entre pecho y espalda. ¿El resultado? Pierde todo lo ganado – en la película, unos 12, 000 dólares-, ah, pero tiene una buena coartada: “Es que estuve ebrio”.

Aplico al campo de la literatura lo antedicho. José Donoso[1], el extraordinario escritor chileno, gran amigo de Vargas Llosa, cuenta en algunas entrevistas lo dramático, doloroso y agónico que fue escribir y terminar su gran novela: “El obsceno pájaro de la noche”. Fue tan terrible el reto, que terminó completamente enfermo de úlceras sangrantes. Y entonces ocurría que cada vez, que retomaba su novela –la cual tenía en elaboración por varios años- nuevamente sufría de un ataque de úlceras. Era como que su propio cuerpo, su organismo, sus tripas, se opusieran, se resistieran a que él diera cauce a su creatividad y pusiera fin a su obra magna. Hasta que años después, encontrándose en una universidad norteamericana – su mujer, María del Pilar y la Pilarcita, su hija habían quedado en España- batallando con sus demonios interiores, queriendo terminar con su novela, le vino una crisis de úlceras terrible, que lo llevó al hospital. Allá, los médicos, para calmarlo, le aplicaron morfina, sin saber el efecto, podría decirse, catastrófico que le produciría. El caso es que Donoso enloqueció. Le vino una crisis de paranoia tal, que veía enemigos por todas partes en el hospital, gritaba, aullaba, se sumió en el delirio. Pero luego de un par de semanas, salió de su crisis. Y cuando fue recobrando la lucidez- así lo cuenta él- vio con completa claridad, cómo es que iba a dar curso y terminar con “El obsceno pájaro…”. Había encontrado, luego de su crisis, el tono, la atmósfera, el sentido profundo de lo que quería decir con esa novela. Así fue que la terminó, y luego se convirtió aquella en su novela más celebrada.

Quizá el caso da para un análisis mucho más profundo en términos psicológicos y humanos. Uno podría preguntarse ¿y por qué tuvo aquella crisis de paranoia?, ¿tiene algo que ver la locura con el arte, en este caso, con la literatura? ó ¿los demonios interiores- como gusta llamarlos Vargas Llosa- en el caso de Donoso, de algún modo ligados a sus sufrimientos afectivos tempranos, pues nunca se sintió amado por su padre, y por ahí, un hilo para entender su aparente homosexualidad- eran tantos y tan cargados que en determinado momento, irrumpen fuera de todo control consciente?

Pero aquí, tan sólo quisiera referir lo siguiente: Donoso por aquella época tiene miedo a dejar salir todos sus demonios interiores, tiene miedo a expresar todo lo reprimido – aquel mundo de brujas, de encantamientos, de locura, de cosas aparentemente sin sentido- pero que están ahí, y que no lo dejan vivir tranquilo. El es un artista, es un creador y busca realizarse por esa vía. Pero por años, permanece trabado, atascado, su historia, su novela, no fluye. Y él se siente mal. Entonces es que su organismo expresa la tensión, la angustia, y aparecen las úlceras. Aquellas úlceras, que amenazan con llevarlo hasta la muerte. Al final, y de modo paradójico, las mismas úlceras, en su mayor expresión de crisis, serán las que lo llevaran a descubrir el camino, que no es otro, que el de atreverse a crear libremente y escribir finalmente todo aquello que en el fondo de su ser había querido escribir. Después de ocurrido aquello, Donoso empezará a gozar de lo que se llama el éxito y el reconocimiento internacional, casi[2] al mismo nivel que un Carlos Fuentes, un Cortázar o un Vargas Llosa.

Podríamos analizar también el caso de otros grandes escritores y como la creación fue para ellos una lucha titánica, cuerpo a cuerpo con sus miedos y resistencias interiores, tal como fue el caso de José María Arguedas o Julio Ramón Ribeyro, pero eso será materia de otro artículo.

Concluyo señalando que tenemos miedo pues a ser triunfadores, miedo a lograr el éxito pleno, miedo a “tocar las estrellas con las manos”; y entonces la gran lucha cotidiana consiste en romper, superar dicha trabazón interna, atreviéndose a alzar vuelo, abriendo campo libre a nuestros sueños y viabilizar de modo terrenal, el talento. No debemos buscar coartadas para el fracaso; al contrario, estar muy atentos para no sucumbir a los torvos rumores, que desde el inconsciente parecen estar siempre al acecho.

P. Libre, 27 de Diciembre de 2010



[1] Ver: Donoso, Pilar: “Correr el tupido velo”. Alfaguara Editores. 2,009

[2] Quizá la única diferencia y por ello, el “casi” es que sus libros no se convirtieron en “best seller” mundiales, pero que tenían igual nivel literario, ni discutirlo.

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