jueves, 30 de diciembre de 2010

Deicidio creativo vs. Realismo prosaico

Decía Vargas Llosa, que José Donoso era pura literatura[1]. Incluso contaba que cuando fue a verlo a su casa en Mallorca, parecía que aquel recibimiento era toda una puesta en escena teatral. En primer término, que Mario no debía llevar a su madre. Luego, en la víspera, María del Pilar, azorada, llamando para suspender la cita, por que Pepe no encontraba los espejitos. ¡Qué carajo son esos espejitos¡ habría pensado, francamente molesto, nuestro escritor. Luego la siempre atenta María del Pilar, le contaría que Pepe, cada tarde en que sentía la cercanía inefable de la parca, lo consultaba, para ver cuan cerca se hallaba aquella. En fin, el hombre tenía sus manías y obsesiones, pero vivía en cuerpo y alma entregado al arte y la literatura. “Un loco genial”, diría nuestro escritor.

A propósito de ello, la pregunta que me hacía era: ¿se puede realmente vivir entregado de modo pleno al arte, la música, la poesía, la literatura, sin que ello afecte nuestro diario vivir?

Hace poco el propio Mario, sorprendió a propios y extraños en todo el mundo, refiriéndose con sentido cariño a su compañera de toda la vida, Patricia, recordando, con gracia, que ella es tan buena, que hasta cuando le riñe le hace un bien: “Mario, tú para lo único que sirves es para escribir”.

Mas allá de cualquier reacción emocional o de hilarante respuestas del auditorio, lo que para nuestro propósito sirve, es para entender hasta que punto un hombre entregado en cuerpo y alma a su pasión, en este caso, la literatura, puede desprenderse de las cosas mundanas, ponerse más allá de las grises y tediosas cuestiones prosaicas de la vida.

En la historia de la humanidad, esta pugna eterna por dar cauce libre al sueño, la utopía, la desbordante imaginación, el afán supremo por crear una realidad distinta que la que nos rodea- acaso gris, empobrecedora, en muchos casos, miserable- parece ser una constante. Como bien lo dijo en su discurso, nuestro Nobel, sin las ficciones de la imaginación y la literatura, venida desde antaño- desde cuando a la luz de una hoguera en las cavernas, los contadores de cuentos, fascinaban a sus oyentes- la vida humana sería muy pobre. Con ella, la literatura, alumbrando maravillosas fantasías, fascinantes historias en las que siempre terminaba venciendo el bien sobre el mal, nos hicimos más críticos, más inconformes con la realidad real, y entonces nos pusimos a trabajar o luchar, para que la vida, se tornara más bella, más justa, más noble, vida digna de ser vivida.

Pero entonces tenemos que en el plano personal, existen ciertas personas que van a dedicar su vida a esta labor, diríamos, especializada, de crear belleza, de ficcionar e inventar mundos posibles, de alumbrar historias maravillosas en donde todo puede ocurrir, de ser demiurgos de seres fascinantes, turbadores, que acabada de repente la historia, se quedan a vivir para siempre con nosotros, tal como ocurre con el Jean Valjean de Víctor Hugo, para siempre perseguido por el inefable inspector Gerard, por calles, túneles y esclusas del viejo Paris; la incansable Lena de “Luz de agosto” que recorre kilómetros de kilómetros, embarazada, para encontrar a su hombre o la atormentada Alejandra, que enloquecida- y enloqueciendo a Martín- se acerca, fascinada a los terribles acantilados de la muerte en aquella maravillosa y conmovedora obra que es “Sobre Héroes y tumbas”.

Estos seres especiales, son los creadores, son los artistas. Cuando lo son en cuerpo y alma, pasan por la vida, como seres etéreos, enigmáticos, fascinantes, indescifrables. Y efectivamente suelen estar por encima del bien y del mal – conozco a varios de ellos, entre ellos, acaso mi propio hijo, músico en todas sus células- y de las cuestiones prosaicas de la existencia. Pero deben sobrevivir. Y entonces cuando tienen la suerte de encontrar a personas que se puedan ocupar de dichos asuntos cotidianos, pues siguen adelante. Así habría ocurrido en el pasado, cuando los mecenas, a la manera de los Médicis en la Florencia del renacimiento, garantizaban al creador el necesario sustento para que pueda dedicarse en cuerpo y alma a su arte. De ahí, tenemos que agradecer entonces a dichos Príncipes, Duques y Condes de la época antigua, por habernos dado un Miguel Ángel, un Leonardo o un Sanzio. En la era contemporánea, lo que ocurre es que dichos creadores, demiurgos de mundos posibles, encuentran de repente padres, familiares o una pareja que pueda ver por ellos, de tal modo que el ocio creativo pueda verse garantizado. Así habría ocurrido, hasta cierto punto, con don Pepe Donoso, o el mismísimo Mario.

Hasta aquí todo puede entenderse de buen modo; es decir que en la disyuntiva de irse por los caminos de la imaginación, de la creatividad, del sueño y la utopía en el plano personal o irse por el realista camino de la vida cotidiana y prosaica, podemos optar por lo primero, teniendo en cuenta la ejemplar vida de los grandes creadores de la humanidad. El problema aparece en el plano político. Y aparece cuando el sueño, la fantasía, la propia utopía se imponen en el campo de las decisiones de gobierno, impregnan los programas sociales o económicos a aplicarse en la realidad.

Ahí, y eso lo he ido aprendiendo con el tiempo, se requiere más de pragmatismo que de sueños. Se pueden, por supuesto, y se deben, mantener los grandes principios de lucha por la justicia, la igualdad, la solidaridad, el respeto mutuo, pero luego cuando se quiere llevar todo ello a la práctica, tenemos que hacerlo sobre el prosaico, aburrido, tedioso, terreno de la democracia, de la tolerancia, de los consensos, de los programas a corto y mediano plazo, en fin, todo lo que debe formar parte de la buena política. Ese es el camino que desde la izquierda inauguraron hace unos años, Michelle Bachelet en el hermano país del sur, y el legendario líder obrero, Lula, en Brasil, y que hoy, esperanzadoramente, pretende recorrer Susana Villarán en el Perú.

Acaso, el gran drama de América Latina, haya sido que se confundieron las cosas, y la utopía, el sueño y la ficción impregnaron la política, mientras que lo prosaico, lo trivial, lo gris, inundó la mente de nuestros creadores.

P. Libre, 28 de Diciembre de 2010



[1] “José Donoso o la vida hecha literatura”, en: Vargas Llosa, M. “Sables y utopías. Visiones de América Latina”. Edit. Aguilar, 2009.

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